La lupa sanitaria está puesta con justa razón, desde hace más de un año y medio, en la pandemia de coronavirus. No obstante, muchas otras enfermedades siguen avanzando de forma muy preocupante. Patologías como la obesidad y el sobrepeso han tenido un crecimiento exponencial en los últimos años, multiplicando los factores de riesgo de la población. Por ello, más que nunca, se deben romper mitos y estigmas para trabajar por una verdadera concientización, así como también desarrollar políticas y tratamientos superadores que permitan enfrentar la problemática.

Considerada por la Organización Mundial de la Salud como la “pandemia del siglo XXI”, hoy la obesidad y el sobrepeso afectan a más de seis de cada 10 argentinos. La última Encuesta Nacional de Factores de Riesgo mostró cómo viene creciendo el exceso de peso: aumentó del 49% al 61,6% entre 2005 y 2018. Esta tendencia en alza, según los nutricionistas, se agravó en el contexto de pandemia.

Mientras duró el aislamiento, los cambios en la alimentación, el bajo nivel de actividad física, el consumo de alcohol, la ansiedad y las alteraciones en el sueño se tradujeron en un aumento de peso para muchas personas. Y esto terminó repercutiendo en una mayor predisposición a padecer otras enfermedades como diabetes, hipertensión arterial y males cardiovasculares, todos agravantes de riesgo frente a la Covid-19.

Una reciente investigación de la Sociedad Argentina de Nutrición reveló que el 62,1% de los encuestados reportó haber ganado peso durante la cuarentena. Esto lo están notando mucho los médicos en los consultorios, y en especial los pediatras. El 41% de los chicos de entre cinco y 17 años pesa más de lo recomendado para su edad. Si a esto le sumamos que los menores pasan cada vez más horas quietos, frente a una pantalla, el panorama es muy poco alentador.

Aunque sobran los diagnósticos de esta enfermedad, muy poco se hace desde el Estado para tratar de cambiar una realidad que está hipotecando el futuro de gran parte de una generación. Ya es hora de convertir todas estas encuestas en la base para políticas integrales.

En el marco del mes de lucha contra la obesidad, los profesionales opinaron sobre cuáles decisiones importantes debería tomar el Estado. Entre ellas, destacaron: favorecer la producción de frutas y verduras con subsidios, gravar con mayores impuestos los alimentos poco saludables y promover acciones para favorecer que los alimentos ricos en proteínas de alto valor biológico puedan ser accesibles a la población de menores recursos.

Asimismo, las autoridades deberían exigir que se cumpla la ley que establece que todas las escuelas y colegios tienen que tener quioscos saludables. También se debería fomentar aún más la enseñanza sobre la buena alimentación y la práctica de actividad física y disponer de una mayor cantidad de servicios de atención de la salud para esta patología.

La obesidad es una enfermedad multicausal. Por eso, no debe atribuirse a una falta de voluntad. Estigmatizaciones de este tipo, además de ser erradas, atentan contra la estabilidad emocional de quienes lo padecen, generando sentimientos nocivos como la culpa y la desesperación, remarcaron los expertos. Resulta indispensable tener una comprensión cabal de los orígenes e implicancias de la obesidad y el sobrepeso, y una mirada humana e integral. Es necesario cambiar la alimentación de gran parte de la población hacia una forma más saludable. Esta epidemia tiene solución, aún con otras prioridades en competencia, como lo es la pandemia de covid-19.